El tapiz de la Adoración de los Magos en Buenos Aires

El tapiz en su actual ubicación, en la Conferencia Episcopal Argentina (ciudad de Buenos Aires). Foto: Sandra Garibaldi.


Peter Paul Rubens: La adoración de los Magos. Circa 1617 - 1618. Musée des Beaux-Arts de Lyon.



Astrid Maulhardt


Lic. en Gestión e Historia de las Artes por la Universidad del Salvador, de Buenos Aires. Profesora Adjunta en cátedras Historia del Arte de la Licenciatura en Turismo de la Universidad Nacional de San Martín y Profesora Titular de la Cátedra Historia del Arte y la Cultura Europea II (Renacimiento y Barroco) e Historia de las Artes Decorativas II en la Licenciatura en Gestión e Historia de las Artes de la Universidad del Salvador. Ha catalogado la colección de tapices del Museo Nacional de Bellas Artes, Museo Nacional de Arte Decorativo. Su último libro es “Antinea. Dimitri Chiparus”, editado por la Colección Fortabat.

Por Astrid Maulhardt *

"Hace buen rato que el pequeño sordomudo anda con sus trapos y su plumero entre las maderas del órgano. A sus pies, la nave de la iglesia de San Juan Bautista yace en penumbra. La luz del alba -el alba del día de los Reyes- titubea en las ventanas y luego, lentamente, amorosamente, comienza a bruñir el oro de los altares. Cristóbal lustra las vetas del gran facistol y alinea con trabajo los libros de coro, casi tan voluminosos como él. Detrás está el tapiz, pero Cristóbal prefiere no mirarlo hoy. De tantas cosas bellas y curiosas como exhibe el templo, ninguna le atrae y seduce como el tapiz de la Adoración de los Reyes; ni siquiera el Nazareno misterioso, ni el San Francisco de Asís de alas de plata, ni el Cristo que el Virrey Ceballos trajo de la Colonia del Sacramento y que el Viernes Santo dobla la cabeza, cuando el sacristán tira de un cordel. El enorme lienzo cubre la ventana que abre sobre la calle de Potosí, y se extiende detrás del órgano al que protege del sol y de la lluvia. Cuando sopla viento y el aire se cuela por los intersticios, muévense las altas figuras que rodean al Niño Dios. Cristóbal las ha visto moverse en el claroscuro verdoso. Y hoy no osa mirarlas. Pronto hará tres años que el tapiz ocupa ese lugar. Lo colgaron allí, entre el arrobado aspaviento de las capuchinas, cuando lo obsequió don Pedro Pablo Vidal, el canónigo, quien lo adquirió en pública almoneda por dieciséis onzas peluconas. Tiene el paño una historia romántica. Se sabe que uno de los corsarios argentinos que hostigaban a las embarcaciones españolas en aguas de Cádiz, lo tomó como presa bélica con el cargamento de una goleta adversaria. El señor Fernando VII enviaba el tapiz, tejido según un cartón de Rubens, a su gobernador de Filipinas, testimoniándole el real aprecio. Quiso el destino singular que en vez de adornar el palacio de Manila viniera a Buenos Aires, al templo de las monjas de Santa Clara […]" (1)


Así, el tapiz flamenco Adoración de los Magos comienza a cobrar vida en uno de los cuentos de Misteriosa Buenos Aires de Manuel Mujica Láinez; un caballero se suma a las figuras tejidas para adorar al Niño Dios: es Rubens, quien deja un pincel junto a la mirra, el oro y el incienso. Con habilidad narrativa, el escritor inserta en el cuento la información histórica que se conocía de la pieza textil. Fue un buen conocedor, por su función como  secretario del Museo Nacional de Arte Decorativo de Buenos Aires (durante la gestión de su primer director Ignacio Pirovano) además de relevante crítico de arte. En aquel museo porteño se conservan los más destacados tapices europeos que pueden encontrarse en Argentina. La inclusión de Adoración de los Magos como un objeto misterioso en una historia ficcional de la ciudad aún hoy puede sostenerse, ya que no deja de causar asombro que una obra de tal calidad haya sido desplegada a principios del siglo diecinueve en un templo de Buenos Aires en plena crisis posrevolucionaria. 


El relato transcurre en la iglesia de San Juan Bautista. Esta había sido construida sobre una parroquia de indios de mediados del siglo XVII. Anexo al templo, se encontraba el convento Nuestra Señora del Pilar de las hermanas clarisas capuchinas, a cargo de la Iglesia en 1754, al recibir en donación los terrenos linderos para levantar su convento en 1756, que consolidó su presencia en la ciudad. Poco antes, en 1749, habían cruzado los Andes desde Santiago de Chile. El templo se inauguró a fines del siglo XVIII, pero la forma definitiva de la fachada es de principios del siglo veinte, realizada por Rómulo Ayerza, (2) con algunas reformas del siglo anterior. El quinto virrey Pedro de Melo y Portugal fue enterrado, según su petición, en el templo en 1797, luego de fallecer en Montevideo –cuando por su rango correspondía la iglesia matriz-. En un patio fueron enterrados los caídos durante las Invasiones Inglesas; ya que la Reconquista de la ciudad se realizó el 12 de agosto, día de santa Clara se nombró patrona menor de la ciudad a la santa de Asís, en agradecimiento a las plegarias de sus monjas. Estas señalaron su adhesión a la causa patriota, como buenas hijas pobres de la elite criolla (no se solicitaba dote para ingresar a la vida de clausura, que dependía de la limosna). Las tropas revolucionarias del ejército insurgente en las provincias del norte llevaban los escapularios realizados por las capuchinas. Es conocida la extensa poesía de sor Gertrudis dedicada al general San Martín luego del triunfo patriota en Maipú: “Las que huyendo del siglo en él estamos / dedicadas al numen soberano, / y hábito franciscano / con vida anacoreta profesamos, / poseídas del más alto patriotismo / cantamos tu virtud, tu honor, y tu heroísmo,” y que en otro de sus veintisiete sextetos de la Canción encomiástico gratulatoria no duda en afirmar “Somos tuyas en Cristo y para Cristo […] Porque sois general tan franciscano” (3) 


La construcción, entonces, era reciente pero con nutrida historia cuando recibió la donación del tapiz, alrededor de 1819. Un escenario apto como lugar de la identidad criolla para exhibir un trofeo de guerra, era práctica colgarlos en las iglesias, obtenido de una fragata española por un corsario insurgente. Más si el donante, según la tradición, fue un integrante destacado del clero patriota, como el canónigo Pedro Pablo Vidal. Fue colocado, como relata Mújica Láinez, cubriendo una ventana arriba del coro para proteger al órgano. En 1890 se lo reubicó, enmarcado, a la derecha del altar sobre el coro bajo de la monjas de clausura. Estaba cubierto por una cortina de raso, que podía correrse en determinadas festividades litúrgicas. De este modo el tapiz se integraba a la extendida costumbre de velar las imágenes sagradas, cuestión que no implica solo, en este caso, la conservación de la imagen sino mantener la separación de lo cotidiano con lo sagrado, estimular el misterio y la devoción de los fieles. (4) Ese misterio, ese temor a lo sagrado, que bien expresa el personaje del sordomudo Cristóbal del cuento citado.


El cartón del tapiz la Adoración de los Magos que se encuentra en Buenos Aires. Se conserva en la abadía Norbertina de Grimbergen, cerca de Bruselas. Foto: Astrid Maulhardt.



Los cambios de la vida moderna y de las devociones obligaron a las monjas a trasladarse a la localidad de Moreno, en los suburbios de Buenos Aires en 1982. Parte de los  terrenos del convento, con la desidia del Estado al respecto, fueron vendidos a una cadena hotelera. Ante la advertencia de la orden Padres del Sagrado Corazón de Jesús de Bétharram, (5) sobre el retiro del tapiz por las monjas, el arzobispado resolvió que se coloque, en 1986, en la Conferencia Episcopal Argentina, previa donación con cargo por parte de la congregación de las monjas clarisas. (6) Uno de los motivos del traslado fue el ornato del episcopado para la visita papal de Juan Pablo II en abril del año siguiente.


La buena presa del corso


Pastor S. Obligado (1841-1924), escritor tradicionalista, narra la historia del tapiz en 1898 en uno de sus difundidos libros con anécdotas y costumbres del pasado de Buenos Aires. (7) Su relato basado en la tradición oral es la fuente de información de todos los comentarios posteriores hasta su rectificación entrado el último siglo. Obligado fija dos cuestiones: la leyenda de origen y la relevante calidad del tapiz.


Pastor Obligado relata que llegó la pieza a  Buenos Aires como producto de la buena presa de corsario de bandera de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Consigna los datos siguientes: el nombre del teniente coronel de la armada James Chaytor (conocido en el Plata con el nombre de Diego y la diversa grafía del apellido Chyter y Chayter) y del buque corsario, Vigilancia, sin mencionar el  nombre de las presas. Obligado considera el rumbo de Filipinas a Cádiz, ya que supone el regreso del gobernador con el mismo a la metrópoli. Enrique Udaondo (1880-1962)  –historiador, director fundador del Museo de Luján, hombre profundamente religioso, miembro de la Tercera Orden de San Francisco y de la Archicofradía del Santísimo Sacramento- agrega que el tapiz habría sido obsequiado por el rey Fernando VII al Gobernador General de Filipinas, Don Mariano Fernández de Folgueras, lo que sugiere un rumbo distinto de la nave, de Cádiz a Manila. (8)


Sin embargo, no es posible imaginar otro ingreso a Buenos Aires que el que consigna la leyenda. (9) No obstante, probablemente el barco corsario haya sido otro. Chaytor al mando de la fragata Independencia del Sur, coordinando la acción con el Mangoré, al mando de James Barnes, capturaron a la fragata de la Real Compañía de Filipinas Nuestra Señora de El Buen Suceso, alias La Esperanza en 1817. Al respecto es interesante la carta diplomática enviada por el embajador español Luis de Onis al secretario de estado de los Estados Unidos John Quincy Adams, reclamando un monto de setecientos mil novecientos ochenta dólares por perjuicios generados a la corona declarando dicho total como el valor de pérdida calculado entre el botín de los dos buques capturados, ya que los capitanes eran ciudadanos norteamericanos nacidos en Baltimore: 


I have just received a statement, dated the 14th of July, addressed to me by the directors of the Royal Philippine Company at Madrid, informing me of the unfortunate fate of two ships belonging to the said company, the one named Nuestra Senora del Buen Suceso, alias La Esperanza, and the other El Triton, captured, the first on the 8th of June last, the day on which she sailed from Cadiz for Calcutta and Manilla, by the pretended insurgent privateers La Independencia del Sud, commanded by James Chaytor, of 18 guns and one traversing 42-pounder; and the Mangore, under the orders of the same Chaytor, of 14 guns and one traversing 36-pounder; and the ship Triton, from Calcutta and the coast of Coromandel, which was captured off the Cape de Verd islands, after a gallant defence of two hours and a half, in which she lost twenty killed, and sprung her foremast, by a privateer (of the same description as the two above mentioned) called the Regent, alias Trepacamara, commanded by one Manson, who, when seventeen days out from Baltimore, fell in with the Triton, and conducted her as a prize to Buenos Ayres, where she arrived on the 2d of April last, according to the advices received by the underwriters at Lloyd's from their agent at Buenos Ayres […]. I have the honor to enclose, for suitable purposes, a note of the articles shipped on board the Esperanza and Triton, which sums united, amount, according to the invoice, to that of seven hundred and one thousand nine hundred and eighty dollars. (10)


Entre los prisioneros tomados se encontraban el general Ambrosio de la Cuadra, el teniente coronel Sebastián Ruiz de Labastida y el fiscal de la Audiencia de Manila Ramón Power e Hidalgo y también el obispo de Manila. La captura de la fragata La Esperanza fue el 9 de junio de 1817 a sólo 8 leguas de Cádiz con rumbo a Manila. Es el único buque en el que coinciden el nombre del comandante corsario, la datación aproximada, y el rumbo hacia las Filipinas. Aunque no conocemos con certeza la referencia, otro barco capturado procedente de Filipinas es mencionado a la par de La Esperanza: “… el perjuicio que los corsarios insurgentes causan en la época presente, al comercio marítimo español es de tal tamaño como lo prueba el apresamiento de una fragata de la compañía de Filipinas que regresaba ricamente cargada de aquellos dominios, y han conducido a Buenos Aires, y otra que han cogido a la vista de Cádiz, de cuyo puerto acababa de salir conduciendo al capitán general y al obispo de aquellas islas.” (11)


La Esperanza entró a Buenos Aires el 30 de agosto de 1817 y se declaró buena presa el  14 de octubre de 1817. (12) Las capturas del Vigilancia fueron la fragata Santo Tomás, alias La Intrépida en agosto de 1818, en viaje de Rusia a Cádiz, y la Nuestra Señora del Carmen, en el cabo Finisterre. Luego ocurrió un motín a bordo, que fue controlado posteriormente por el capitán Jorge Ross. Es decir que el Vigilancia, una fragata de guerra de 16 cañones, no tenía por capitán a Chayter, sino otro teniente coronel de marina, el mencionado Ross. La confusión, tal vez, se ha producido en el común armador del Vigilancia y el agente de presas de La Independencia del Sud, Adam Guy. Además de que Chaytor integró el consorcio para comprar y alistar la fragata Vigilancia, y aunque no fue su capitán, realizó este buque corsario cruceros conjuntamente con Independencia del Sud y Alerta. Capturaron la fragata española Aventurera, alias El Águila del capitán Ramón Torres y Conde, que arribó como buena presa a Buenos Aires el 15 de octubre de 1818. Esta corbeta fue capturada en el bloqueo a Cádiz, procedente de La Habana hacia Barcelona, por lo que debe descartarse como transportadora del tapiz. 


La discusión sobre los derechos de la carga de La Esperanza entre los propietarios de La Independencia del Sud y del Mangoré, una vez declarada buena presa, generó un legajo judicial, en el folio en el que la escribanía describe la carga  –cueros, vinos, aceites, cajones de mercadería diversas- agrega también cuánto más puede haberse remitido en ella, es decir que se carece de un listado completo de la misma, algo habitual en los corsos, que transitaban el límite de la legalidad. (13) La tradición oral se completa con la compra como alfombra en subasta pública de aduana por el sacerdote Pedro Pablo Vidal por 16 onzas de oro, quien lo donó a la iglesia de San Juan Bautista. Como se ha mencionado, Vidal formó parte del clero patriota, participando activamente en los sucesos revolucionarios, principalmente como miembro de la Asamblea del Año XIII y, luego, en los conflictos de la Banda Oriental. Fue nombrado canónigo de la Catedral, pero expulsado en 1820, por razones políticas facciosas. Aunque estuvo con anterioridad intermitentemente en Buenos Aires, este último año es límite para la posibilidad de la compra del tapiz por el mismo. 


El “gobelino” de Buenos Aires


Pastor S. Obligado produce una notable invención desde la errónea lectura de la B por una G: “al levantar la mirada, leímos la fecha, (1657) en el gran tapiz suspendido sobre el Coro bajo, de las monjas Capuchinas, al lado de las iniciales y escudo del fundador de la Manufactura de Gobelinos”. Esta calidad de gobelino de “primera clase”, también la sostiene desde el criterio de autoridades de los artistas extranjeros activos en Buenos Aires del siglo XIX: el saboyano Charles Pellegrini, arribado en 1828, y los italianos Gaetano Descalzi, activo entre 1856 y 1862, e Ignacio Manzoni, presente con interrupciones entre 1852 y 1871, sin embargo no hemos localizado fuente con comentarios de los mismos. Desde ya, estos artistas tuvieron relación con su padre, Pastor Obligado, gobernador del Estado de Buenos Aires, entre 1853 y 1858.


Aún identificado como gobelino, ocupó la atención de Jorge Mitre en Caras y Caretas (7 de enero de 1899). Imagen: Hemeroteca Digital, Biblioteca Nacional de España. 



La lectura como gobelino tuvo amplia difusión, por ejemplo en el popular magazine Caras y Caretas, Jorge Mitre –que escribía con el pseudónimo Figarillo- parafrasea el contenido del relato de Obligado. (14) Otro tanto hizo, casi veinte años después, en la revista ilustrada Plus Ultra, Eduardo del Saz. Esta nota agrega un punto de interés: el capellán y confesor de las clarisas desde 1875, el betharramita Francisco Laphitz -fallecido en 1905-, ordenó en 1890 el traslado del tapiz a la derecha del altar sobre el coro bajo. (15) El deterioro del “gobelino”, comenta Obligado, fue debido a algunos recortes para que las monjas tuvieran alfombras donde arrodillarse. En 1876 fue restaurado por las propias monjas. Entre las intervenciones más notables que sufrió el textil se cuenta el cubrimiento con pintura negra del sexo del Niño Dios. Es probable que el corte horizontal, que presenta la pieza, se deba al mencionado traslado dentro del propio templo. También desde Obligado se difundió que la imagen era derivada de la Adoración de los Magos de Ticiano, conservada en el Museo del Prado. 


El tapiz de Rubens


Recién en septiembre de 1928 se abandona su catalogación como gobelino, determinando su factura flamenca por unos expertos franceses, según apunta Udaondo que le trasmitieron los padres bayoneses. (16) Fue exhibido durante el XXXII Congreso Eucarístico Internacional de 1934, (17) realizado en Buenos Aires con la presencia del delegado papal cardenal Eugenio Pacelli, futuro papa Pío XII. Luego de la muestra de arte religioso se llevó a cabo la primera restauración profesional por un equipo dirigido por una especialista española. (18) Udaondo, que había sido el presidente de la comisión organizadora de aquella muestra, realizó entonces el estudio académico sobre el tapiz, que precede al ensayo sobre la historia del convento de 1949. (19) Es el primer avance de bases más sólidas que el relato tradicionalista de Obligado, entonces se fija la atribución a Rubens y se descarta su catalogación como gobelino para afirmar la factura flamenca, pero sin definir la autoría del cartón; sin integrarla a una serie iconográfica y con la datación errónea. Esta fecha de 1657 también se anota en la catalogación de la principal exposición de tapices realizada con los aquellos pertenecientes a las colecciones argentinas en 1939. (20)


El tapiz de la Adoración de los Magos conservado en Buenos Aires forma parte de las reediciones de una serie de cartones utilizados por primera vez en el enorme encargo de veintinueve tapices, tejidos en Bruselas entre 1699 y 1702, en la manufactura de Jodocus de Vos, (21) por la comitencia de Ramón Perellos y Roccafull, Gran Maestre de la Orden de Malta. (22) La serie completa fue donada a la concatedral de San Juan Bautista en La Valeta, Malta, donde aún se conserva. La serie se puede dividir en tres grupos: A. Vida de Cristo; B. Triunfo de la Eucaristía; C. Apostolado de Jesús, María y los doce apóstoles. Además de un retrato del propio Perellos. La Vida de Cristo en La Valeta se representa en siete paños: 1. Anunciación a María; 2. Adoración de los Pastores; 3. Adoración de los Magos; 4. La Entrada de Cristo en Jerusalén; 5. Última Cena; 6. Erección de la Cruz; 7. Resurrección. Los números 1, 2, 3 y 6 se basan indirectamente en pinturas de Peter Paul Rubens, a través de grabados que toman su obra como modelo. Así, la Adoración de los Magos sigue la composición de la pintura de Rubens, ahora en el Musée des Beaux-Arts de Lyon, fechada alrededor de 1617; pero todo el diseño es copia del grabado adaptado de esa pintura por Lucas Vorsterman en 1621. En el grabado los elementos arquitectónicos fueron ampliados y completados.


Luego del gran encargo destinado a Malta, Judocus De Vos conservó los cartones y utilizó algunos de ellos para ediciones parciales posteriores. Una de estas reediciones pertenece a la colegiata del Palacio de La Granja de San Ildefonso. Esta constaba de cinco paños (faltan allí actualmente la Anunciación a María y la Adoración de los Magos). (23) El cartón original de los tapices de Malta / Buenos Aires se conserva, junto a otros siete del gran conjunto de Malta, en la abadía Norbertina de Grimbergen, cerca de Bruselas, desde 1765. No ha sido identificado el artista pero debe haber pertenecido al círculo de Jan van Orley (1665-1735), el pintor de cartones más talentoso de Bruselas en aquel entonces. (24)


Los tapices de La Granja, como el que se encuentra en el episcopado de Buenos Aires, presentan únicamente la marca de la ciudad de Bruselas, sin la firma del tejedor. Aunque seguramente la manufactura corresponde a De Vos, ya que las borduras son idénticas a las de la reedición del Sitio de Túnez, tejido y firmado por De Vos entre 1712 y 1721 para el emperador Carlos VI en Viena. La serie de tapices fue encargada por el rey Felipe V (1683- 1746) o por su esposa Isabel Farnese (1692-1766). Solo puede haber ocurrido luego de 1721, cuando estaban disponibles los diseños de la mencionada bordura del Sitio de Tunez. Probablemente el tejido es anterior a la muerte de Judocus De Vos, el 8 de febrero de 1734, sin embargo la falta de la firma del tejedor no excluye una fecha posterior. (25)


Finalizamos aquí el recorrido por las distintas miradas en el tiempo al tapiz de Buenos Aires, buena presa de corso, con la intención de que al datarlo e integrarlo a la serie correspondiente haya cobrado nueva fortuna, sin olvidarnos del temor del sordomudo Cristóbal que no se daba vuelta a mirarlo “porque el tapiz se estará moviendo y alrededor del Niño se agitarán los turbantes y las plumas de los séquitos orientales”. 



Notas: 

1. Manuel Mujica Láinez. “La adoración de los Reyes Magos. 1822”. En: Misteriosa Buenos Aires. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1951.

 

2. Para la historia de la orden véase: María Dolores Ledesma de Casares, Las nobles pobres. Historia de las monjas capuchinas en Buenos Aires. Buenos Aires: Glaudio. 2005, y Enrique Udaondo. Antecedentes Históricos del Monasterio Ntra. Sra. del Pilar de Monjas Clarisas anexo al Templo de San Juan Bautista. Buenos Aires: s/e, 1949.

 

3. Reproducido en Udaondo, op.cit., p. 50-54.

 

4. Sobre imaginería velada y lienzos corredizos en el ámbito colonial, véase Héctor Schenone, “La pintura”. En: Academia Nacional de Bellas Artes, Historia General del Arte en la Argentina. Buenos Aires: ANBA, 1983, tomo II, pp. 76-80.

 

5. Desde 1862, el templo era residencia regional de la congregación fundada por Miguel de Garicoits, a la par que la capellanía del convento. La principal institución de los padres bayoneses es el Colegio San José, en Balvanera, fundado en 1858. La comunidad francesa frecuentaba el templo de los curas vascos.

 

6. Hasta 1934 se denominaron Capuchinas coletinas –por la regla de Santa Coleta- con las nuevas reglas de las Constituciones Clarisas pasaron a sustituir el nombre de la congregación por el de Clarisas de la primera observancia.

 

7. Pastor S. Obligado. “El primer tapiz”. En: Tradiciones de Buenos Aires (Cuarta serie). Buenos Aires. 1898, pp. 43-49.

 

8. Udaondo aclara en su ensayo histórico que la búsqueda de documentos de archivo, tanto en el Archivo General de la Nación como en el convento, resultó infructuosa para corroborar la tradición. En el mismo sentido, la investigación actual llevada a cabo en los mismos reservorios no ha dado resultado. Se han consultado las entradas marítimas y de los tribunales de presa en el rango de años 1817-1821 (cese del corso rioplatense). Debe considerarse que generalmente no se describían todas las mercaderías, para evitar los impuestos correspondientes. Tampoco en la prensa de la época, La Gaceta de Buenos Ayres y El Censor, se ha encontrado información que corrobore el origen de la pieza. Tampoco se encuentra dato alguno en el archivo del convento, actualmente en Moreno. Vale mencionar que la quema de iglesias del 16 de junio de 1955 afectó a la Iglesia de San Juan Bautista, sin llegar a dañar el tapiz, en el mismo episodio se perdió el archivo de la curia metropolitana, donde tal vez se hubiera podido encontrar alguna información. No se ha podido consultar archivos españoles. Debo agradecer el asesoramiento y colaboración en la pesquisa de archivo de Roberto Amigo, y también de Fabiola Serralunga y Jorge Vigo del Departamento de Estudios Históricos Navales de la Armada Argentina.

 

9. Otra descripción del tapiz y su respectivo arribo a Buenos Aires es proporcionada por Julio B. Jaimes Répide en Paseos evocativos por el viejo Buenos Aires, sin embargo éste último no aporta ningún dato extra sino que repite el relato de las recientes investigaciones de su contemporáneo Enrique Udaondo. Véase Julio B Jaimes Répide, Paseos evocativos por el viejo Buenos Aires. Buenos Aires: Peuser, 1936, p. 270.

 

10. “Luis de Onis, Spanish Minister to the United States, to John Quincy Adams, Secretary of State of the United States, Philadelphia, November 2, 1817”. En: American State Papers, Foreign Relations, vol. IV, doc.1074.

 

11. “Varios apuntes biográficos y sobre Marina del teniente general de la Armada D. Justo José de Salcedo, vocal del Consejo de Almirantazgo, caballero de la orden militar de Santiago y comendador de Montijo” En Crónica Naval de España, tomo X, 1859, p. 57. Citado en Feliciano Gámez Duarte. El desafío insurgente. Análisis del corso hispanoamericano desde una perspectiva peninsular 1812-1828. Tesis doctoral Universidad de Cádiz, 2004. Este autor refiere un documento del Archivo General de la Marina (Sección Corso y Presas, legajo 5238) en el que se detalla la captura y los prisioneros. Lamentablemente este archivo español se encuentra cerrado, fuera de consulta. Del mismo autor véase “El nomenclátor de la libertad. Mitos y símbolos independentistas

en los buques de los corsarios insurgentes hispanoamericano”. En: Alberto Ramos Santana, Alberto Romero Ferrer (ed.). 1808-1812, los emblemas de la libertad. Cádiz: Servicio Publicaciones UCA, 2009, p. 277. Las partidas y destinos de las capturas tienen como fuente estas publicaciones.

 

12. AGN, sala IX, 35.5.1. Véase Horacio Rodríguez y Pablo E. Arguindeguy. El corso rioplatense. Buenos Aires: Instituto Browniano, 1996, p. 191. Véase AGN, Tribunales de presa, leg. 29, exp. 7.

 

13. Gazeta de Buenos Ayres, núm. 118, 21 de abril de 1817.

 

14. Figarillo [Jorge Mitre]. “La adoración de los Reyes Magos. El gobelino de San Juan”. En: Caras y Caretas, año 1, núm. 14, 7 de enero de 1899.

 

15. Eduardo del Saz. “Un gobelino auténtico en Buenos Aires”. En: Plus Ultra, año 1, núm. 1, marzo de 1916. El malagueño Eduardo del Saz y Álvarez-Sierra se encontraba radicado en Buenos Aires desde 1909, donde ejerció el periodismo en las principales publicaciones de su tiempo hasta su muerte en 1947.

 

16. Véase María Dolores Ledesma de Casares, “El tapiz más rico de las monjas más pobres”. En Las

nobles pobres. Historia de las monjas capuchinas en Buenos Aires. Buenos Aires: Glaudio. 2005, p.75-96. Reedición del artículo de Archivum. Revista de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina, año XXIII, 2004, p. 67-77.

 

17. Exposición de arte religioso retrospectivo. (cat. exp.), Buenos Aires, 1934, núm. 596, reproducido como tapicería de la fábrica de Bruselas, año 1657, medidas 500 x 685 cm.

 

18. Fue restaurado en 1935 por Antonia I. de García, de la Real Fábrica de Madrid. La última restauración (1988-1991) estuvo a cargo de la especialista argentina Patricia Lissa. Véase María Dolores Ledesma de Casares, ibídem.

 

19. Enrique Udaondo. Antecedentes y descripción de una gran obra de arte en Buenos Aires. Buenos Aires: Amorrortu, 1935. Con anterioridad Udaondo había citado el tapiz como gobelino en Reseña histórica del Templo de Ntra. Sra. del Pilar (Recoleta). Buenos Aires: Casa Mirau, 1918, p. 40.

 

20. Comisión Nacional de Cultura. Exposición de tapices. Siglos XV al XVIII. (cat. exp.), Buenos Aires, Museo Nacional de Arte Decorativo, 1939, núm. 52, p. 37, reproducido s/p. Como Manufactura de

Bruselas, año 1657, cartón de Rubens, medidas 525 x 700 cm. Es datado en el siglo XVIII en Patrimonio Artístico Nacional Inventario de Bienes Muebles. Ciudad de Buenos Aires I. Buenos Aires: Academia Nacional de Bellas Artes-Fondo Nacional de las Artes, 1998, p. 363.

 

21. Sigo en este apartado el siguiente estudio: Astrid Maulhardt y Guy Delmarcel “The Adoration of the Magi. A Brussels Tapestry after Rubens in Buenos Aires and its context”. Revue Belge d’ Archéologie et d’ Histoire de L’ Art, Número LVXXXVIII, Bélgica, 2019.

 

22. Para la serie de La Valeta, ver Guy Delmarcel, “The Rubens Tapestry Set in Valletta, Malta. Some New Facts and Documents”, The Ringling Museum of Art Journal, 1983, pp. 192-209; “Nieuwe gegevens over de wandtapijten van het Nieuwe Testament door Judocus de Vos te Malta (1699-1700)”, Revue belge d'archéologie et d'histoire de l'art, LIV, 1985, pp. 29-44; “Rubens’ Tapestries in Malta. The Life of Christ and the Triumph of the Eucharist”, in Rubenstextiel. Rubens’s Textiles, (cat. exp.), Antwerpen, Hessenhuis, 28.06-5.10.1997, pp.136-15. Para La Granja, ver Paulina Junquera, “Los tapices de la Pasión”, Reales Sitios, III- 7, 1966, pp. 51, 55, 61-62.

 

23. Una segunda edición parcial, sin borduras, se conserva en el Museo Diocesano de Ancona; incluye Adoración de los Pastores, Última Cena, Resurrección de Cristo y Asunción de María; ver i.a. Arazzi rubensiani e tessuti preziosi dei musei Diocesiani di Ancona e Osimo, (catálogo de exhibición) Ancona, 1989.

 

24. Koenraad Brosens, “Brussels Tapestry Producer Judocus De Vos (1661/62- 1734)- New Data and Design Attributions” ,  Studies in the Decorative Arts, IX – 2 , Primavera-Verano 2002, pp. 58-88, y más recientemente Koenraad Brosens y Astrid Slegten, “Creativity and disruption in

Brussels tapestry, 1698-1706: New data on jan van orley and Judocus de Vos”, The Burlington Magazine, July 2017.

 

25. Varios diseños de borduras de las series de De Vos también fueron utilizados por Jasper y Jan Frans van der Borcht, quienes podrían haber recuperado los cartones después de 1734. Ambas familias tenían lazos de parentesco.



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