PERÚ, UN VIAJE EN EL TIEMPO. SORPRENDE EL BRITISH MUSEUM CON UNA EXPOSICIÓN INICIÁTICA.

Vasija hecha en barro con la forma de un contorsionista. Cupisnique, Perú, 1000 - 500 a. C. Fotografía: British Museum.



Túnica pintada. De arriba hacia abajo, las bandas representan plumas de las aves que habitan la región amazónica, círculos con las posibles lagunas andinas y las olas del Océano Pacífico. Chancay, Perú, 1000 - 1470. Fotografía: British Museum.



Vasija con la figura de un nativo remando en un bote de caña. Moche, Perú, 100 - 800 d. C. Fotografía: British Museum.



Figura que representa a un prisionero con la soga al cuello. Moche, Perú, 100 - 800 d. C. Fotografía: British Museum.



Pequeña representación de una llama hecha en oro. Inca, Perú, 1400 - 1532. Fotografía: British Museum.



Cecilia Pardo Grau

(Lima, 1975)


Es curadora del British Museum para la exposición dedicada al Perú (2020-2022) y asesora curatorial del Museo de Arte de Lima-MALI (2020-2022)


Obtuvo la licenciatura en Arqueología por la Pontificia Universidad Católica del Perú y la maestría en Museum Studies por el Instituto de Arqueología, University College London, Universidad de Londres. Fue curadora de colecciones y de arte prehispánico del MALI (2006-2017) y sub directora de esta institución entre 2017 y 2019. 


Ha sido profesora del curso de Introducción a la Arqueología y Museología en la PUCP (2000-2009), ha trabajado como coordinadora de proyectos de patrimonio cultural en la Fundación Telefónica (2000-2003) dirigiendo iniciativas relacionadas con la catalogación y digitalización de colecciones de museos peruanos, y la edición de publicaciones y CD multimedia sobre temas precolombinos. Ha participado en diversos proyectos curatoriales y museográficos en museos del Perú y del Reino Unido. Ha ejercido el cargo de coordinadora del departamento de Registro y Catalogación en el Museo de Arte de Puerto Rico.


Como curadora del MALI tuvo a cargo la reestructuración del departamento de Registro y Catalogación, la coordinación del proyecto de las nuevas salas permanentes, y la curaduría de los siguientes proyectos: Retrato: Identidad, memoria y poder, en co-curaduría con Natalia Majluf y Luis Eduardo Wuffarden (2007); El MALI: Formando Colecciones 2007-2008, en co-curaduría con Natalia Majluf (2009); De Cupisnique a los incas. El arte del valle de Jequetepeque (2009); Textiles Precolombinos en la colección del MALI (2010-2011); así como la itinerancia de la muestra Art & Myth in Ancient Peru. The history of the Jequetepeque Valley, presentada en el Americas Society de Nueva York (2010); Modelando el mundo: imágenes de la arquitectura precolombina (2011-2012) en co-curaduría con José Canziani, Luis Jaime Castillo y Paulo Dam; Castillo de Huarmey. El mausoleo imperial wari, curadora y co- editora de la publicación que la acompaña (2014); Chavín (2015), Moche y sus vecinos, en co-curaduría con Julio Rucabado (2016); Nasca, en co-curaduría con Peter Fux, y las itinerancias en el Museo Rietberg, Zúrich (2017), Bundeskunsthalle, Bonn (2018) y la Fundación Telefónica, en Madrid (2019); y Khipus (2020).

La exposición es un suceso, para los visitantes de esta prestigiosa institución -en tiempos prepandémicos, unos seis millones anuales- y para los peruanos que disfrutan con los ecos que llegan desde Londres, apenas cumplido su bicentenario como república y en plena ebullición político institucional, con un presidente de la nación, Pedro Castillo, maestro y sindicalista, que sorprendió con su triunfo electoral en junio pasado y hoy busca estabilizar a este país tan poderoso en tiempos precolombinos y virreinales.


Si buscáramos imaginarnos una selección de testimonios arcaicos de aquel país andino a exhibir en el British Museum, en primer lugar nos vendría a la mente la cultura incaica, pero la muestra va mucho más allá, se extiende a lo largo de 3000 años -diríamos desde alrededor del 1500 a C., hasta la llegada de los españoles-, acudiendo a los pueblos que le precedieron, entre ellos los denominados Chavín, Paracas, Nasca, Moche, Wari y Chimú, habitantes de un territorio diverso que trepa por encima de los 6000 metros de altura en las cumbre nevadas de los Andes, se interna en la selva amazónica, recorre uno de los desiertos más rudos del universo y transita por la costa del Pacífico cuyas aguas son pródigas en recursos alimenticios. Claro que también se encuentran en la exposición las huellas de los Incas, pero vale la pena comprender que ellos construyeron su civilización en un período muy breve -su imperio se desmoronó sin cumplir un siglo y medio de existencia-, medido en el tiempo de la ocupación humana en la región peruana, cuyos primeros pasos se ubican más allá de los 15000 años.


Y llama la atención que fue necesario llegar a la tercera década del siglo XXI para que el Museo Británico -una de las instituciones más importantes del mundo- organizara en su propia sede una exposición dedicada a estas culturas que dejaron auténticos tesoros como testimonio de sus vidas y muertes. (1) El guión expositivo es obra de la curadora peruana Cecilia Pardo Grau y de su par británico Jago Cooper -curador de las Américas en el MB-, ambos comprometidos ante un fantástico desafío: reflejar a través de una selección de objetos -en su mayoría conservados en la institución londinense- la complejidad y las maravillas de estas culturas pretéritas sudamericanas.


Para conocer detalles de la exposición, entrevistamos a Cecilia Pardo Grau, quien fue seleccionada por la institución anfitriona en los tiempos previos a la llegada del Covid 19. “Viajé a Londres en febrero de 2020 -allí había estudiado-, y regresé a Lima donde estaba trabajando en el MALI (Museo de Arte de Lima), para preparar todo y retornar a Inglaterra en abril, pero la pandemia hizo que debiéramos cambiar lo planeado; iniciamos el trabajo de manera remota, seleccionando las piezas conservadas en el Museo Británico, aunque la colección estaba muy poco analizada. Finalmente llegué en octubre, con el tiempo muy avanzado. Ya teníamos desarrollado buena parte del guión -habíamos resuelto que la cultura incaica tendría una presencia menor a la esperada-, y para que la muestra fuera representativa, incorporamos un lote de piezas que se encontraban en Perú, las que viajaron para su exhibición.”


“La sala -continúa la curadora peruana- tiene casi 400 metros cuadrados y era necesario encontrar aquellos elementos que nos permitieran un diálogo entre el tiempo occidental y el andino; aquel con una evolución lineal hacia el progreso, y el de las culturas representadas, en un tiempo paralelo, cíclico, un continuo vivir, morir y renacer. Además, pretendíamos abordar el legado de aquellas culturas en el Perú actual y pusimos en diálogo los testimonios milenarios y sus interpretaciones científicas con las voces de los pobladores actuales que continúan estas tradiciones. Lo vemos en la producción de textiles y también en las labores agrícolas.”  


Una exposición, un viaje


El director del British Museum, Hartwig Fischer, sostiene que trasponer las puertas de ingreso a la institución, “es dar siempre el primer paso en un viaje, y con esta exposición invitamos a los visitantes a viajar a través de la historia de una de las regiones más cautivantes del mundo. La escala del generoso préstamo de objetos antiguos de los museos en Perú no tiene precedentes y es una oportunidad histórica para verlos aquí en el Reino Unido. La fascinante variedad de material que se exhibe desafía colectivamente las percepciones de cómo se puede ver y comprender el mundo.” De inmediato, Hartwig Fischer, agradeció el apoyo de PROMPERU -la Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo (2)-, que permitió hacerlo posible.



Pretender que una exposición refleje a través de ciento veinte objetos -poco menos de ochenta que forman parte del patrimonio del MB y cuarenta y tres llegados en préstamo desde Perú (3)- un período de tiempo tan extendido y que abarque la dispar geografía peruana, es definitivamente una quimera. Sin embargo, queda en claro que es posible hablar a través de esas reliquias prehistóricas sobre la materialidad y el complejo universo simbólico de las culturas representadas. Por ejemplo, una vasija de barro Moche (100 – 800 d. C.) pintada con la representación de un pescador remando en un bote de juncos, va mucho más allá de su cualidad estética y nos muestra el vínculo de este pueblo con las aguas del Pacífico, uno de los ambientes marinos más ricos del mundo.


Allí exhibidos, cada objeto es un disparador de emociones y bien abordado por sus curadores, permite que los visitantes se sumerjan en aquellos mundos mágicos de los Andes centrales; descubrir el dominio sorprendente de las técnicas artesanales y el diálogo que lograban a través de estas obras con lo sobrenatural, sus deidades, sus ancestros, e incluso con sus paisanos y hasta con sus enemigos.



Entre los testimonios más antiguos se exhibe una cerámica monocroma de la cultura Cupisnique -contemporánea de la Chavín, su origen puede remontarse hasta el 1200 a. C-, que se extendió en la costa del norte de Perú. La vasija nos muestra el cuerpo de un humano con su cabeza -decorada con pintura facial- apoyando en el suelo, el tronco hacia lo alto y en una singular contorsión que desplaza sus piernas hacia atrás y hacia abajo; quizás el fruto de una enfermedad, pero cuya flexibilidad inusual era venerada por esta cultura.


Otro testimonio del pasado que atrae con su interpretación actual, es una túnica de algodón pintada en distintos tonos tierra -proviene de la cultura Chancay, 900-1430 d. C.- con diversas representaciones que, al parecer, reflejan la geografía del actual territorio peruano; el artista que la decoró muestra las plumas que aluden a la Amazonía, los círculos concéntricos que quizás, reflejen las lagunas andinas o cochas y hasta plasmó una banda en uno de sus extremos con la imagen de la olas del Pacífico, simétricas y potentes.


“La exposición es un suceso, y tiene un éxito que supera lo imaginable. Aquí hay un pleno ejercicio del sentido crítico y al anunciarse una muestra sobre el Perú arcaico, todos esperaban una exposición sobre los Incas... Pero buscamos ir mucho más allá, representar a través de las distintas culturas prehispánicas cuán diverso es nuestro espacio territorial, con sus desiertos entre los más áridos del mundo junto al mar más rico del planeta, o las poblaciones asentadas por encima de los 3000 metros de altura, y practicando una agricultura que hoy sorprende” -nos explica Cecilia Pardo Grau, feliz ante la respuesta del público y de la prensa.


El cronista del prestigioso The Telegraph londinense aseguraba en su artículo sobre Perú, un viaje en el tiempo que “habría apostado” por el protagonismo incaico en una exposición dedicada a las grandes culturas originarias de los Andes centrales -es tan cautivante la ciudadela de Machu Picchu-, pero lo reconoce, no ha sido así, y los curadores sorprenden con un guion que se proyecta hacia un tiempo más remoto, afirma.


En la sala, la muestra discurre con límites permeables, formados con hilos -como si fuera el fruto de un telar arcaico-, los que facilitan el cruce de miradas entre culturas y épocas.


Tesoros develados


Los diálogos entre la vida, la muerte y el retorno a la vida en estas culturas arcaicas también se expresan en distintos objetos y prácticas rituales con ofrendas humanas incluidas. Así lo hicieron los Incas en ceremonias muy especiales -se las denominaba Capacocha- celebradas en sitios de altura, en espacios construidos en la cúspide de numerosas montañas y volcanes, siempre con la intención de atender a sus espíritus conocidos como Apus, los que aún hoy acompañan a los pobladores nativos. En aquellas prácticas eran sacrificados los niños y enterrados con diversas ofrendas -entre ellas, estatuillas en miniatura fundidas en oro con representaciones de camélidos- y elementos para su vida en el más allá, como alimentos y textiles. 


Pero esa relación particular con los dioses va mucho más atrás en el tiempo, la encontramos por ejemplo en la cultura Moche (100 – 800 d. C-), con un grupo hasta aquí desconocido de estatuillas, sorprendente para propios y extraños. Las mismas forman parte de un conjunto de más de treinta objetos encontrados en las islas guaneras, ubicadas frente al territorio Moche, y conservados en el British Museum desde hace un siglo y medio.


“Para nosotros -comenta Cecilia Pardo G.- ha sido un hallazgo, porque no está estudiado. En el siglo XIX la explotación del guano en las Islas Macabí por parte de capitales ingleses fue muy intensiva y en aquel tiempo, hacia 1870, estas piezas viajaron primero a Liverpool y poco después llegaron al Museo Británico. Entre los distintos elementos seleccionamos siete esculturas talladas en madera, las que testimonian otros tantos cautivos desnudos y maniatados con sogas al cuello. Su presencia, y en tan buen estado de conservación, nos entusiasma para avanzar en futuras investigaciones, pero ya está claro que dialogan con las escenas representadas en la iconografía mochica con reyes transportando a estos prisioneros en las balsas hechas con juncos”.


Resulta obvio, ambos testimonios prometen intensos estudios: ¿Por qué estaban en aquellas islas, fueron allí capturados, o traslados desde el continente para cumplir su “condena” -un sacrificio humano- hace más de mil años? Queda mucho por investigar, esta historia recién comienza.


Una exposición que promete nuevos horizontes


“Entendemos a la exposición, organizada por el British Museum con un fuerte apoyo del gobierno peruano, como el inicio de un diálogo que derivará en futuras acciones en conjunto. Estudiar las colecciones conservadas en el patrimonio del museo como primera medida, pero también recibir su apoyo para futuras campañas en nuestro país, tan necesitado de respaldos sólidos a nivel económico” -se entusiasma la curadora Pardo Grau.


La reflexión no es menor, si comprendemos que Perú es un país muy activo en el rescate del patrimonio cultural salido de su territorio de forma ilegal. La institución londinense, atenta a los reclamos de numerosas naciones en este sentido, ha nombrado en primera medida a Isobel MacDonald -una especialista del coleccionismo británico y europeo de los siglos XIX y XX- para revisar el origen de sus ocho millones de piezas; una tarea gigante que llevará a la reflexión sobre el destino de muchas obras llegadas a su patrimonio en pleno auge de su imperio.


Acorde a estas miradas descolonizadoras, mencionamos el reclamo chileno de dos moáis Rapa nui de la Isla de Pascua y por parte de Egipto, la exigencia de restitución de una de las obras más buscadas por los visitantes, la célebre Piedra Rosetta.


Perú inicia de este modo un camino de acción conjunta, disfrutando ahora de su buen nombre entre los británicos, obra y gracia de las huellas de sus pueblos ancestrales reflejadas con inteligencia y talento en este “viaje en el tiempo”.


“Perú, un viaje en el tiempo” permanecerá abierta al público hasta febrero de 2022. Para obtener más información sobre la exposición, ingrese a www.britishmuseum.org/peru



Notas:

1. El Museo Británico, especializado en estas civilizaciones desaparecidas que hoy maravillan con sus testimonios por el mundo entero -posee una sección dedicada a las Américas-, sólo se había ocupado en una ocasión sobre estas culturas de origen peruano. Allá por 1979 montó una exposición dedicada al pueblo Moche, pero sucedió en el hoy inexistente Museo de Mankind, en Burlington Gardens.

2. Es una entidad dependiente del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo del Perú, encargada de difundir la imagen de esta nación como centro de recepción turístico, además de promover las exportaciones peruanas.

3. Provienen de nueve museos peruanos y uno alemán, y de una colección particular.



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