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UN “NUEVO” VERMEER EN PLENO SIGLO XXI.

Johannes Vermeer, Niña leyendo una carta en una ventana abierta, alrededor de 1657-1659, óleo sobre lienzo. (Todas las imágenes: Copyright. Gemäldegalerie Alte Meister, Staatliche Kunstsammlungen Dresden)


Antes de la restauración. Fotografía: Wolfgang Kreische.



En el taller. Fotografía: Jürgen Lange.



Estado intermedio de la restauración, al 7 de mayo de 2019. Fotografía: Wolfgang Kresche.



Obra restaurada. Fotografía: Wolfgang Kreische.



La fama e importancia del pintor holandés Johannes Vermeer (1632 - 1675), maestro de la luz y de los interiores, es hoy indudable. Sin embargo, no siempre este artista corrió tal suerte, ya que fue ignorado por siglos, hasta que en el XIX lo “redescubrió” el historiador Théophile Thoré. Hoy es considerado uno de los pintores más importantes de los Países Bajos.


Avatares semejantes vivió su pintura “Niña leyendo una carta en la ventana abierta” (circa 1657-1659). En 1742, Friedrich August II, elector de Sajonia y rey de Polonia, adquirió en París un conjunto de 30 cuadros de la colección privada del Príncipe de Carignano; por la relevancia de la compra se le obsequió un óleo de Rembrandt, “Niña leyendo…” Así entró la pintura en cuestión a la colección de Dresden, inventariada cinco años más tarde como una pintura “a la manera de Rembrandt”. Debieron pasar siglos para que se identificara su verdadero autor. 


Permanecía en la Gemäldegalerie Alte Meister de Dresden (Galería de Pinturas de los Maestros Antiguos) cuando en 1859 el ya mencionado historiador Thoré, obsesionado en la búsqueda y estudio de obras de Vermeer -reducidas en cantidad, se conocen muy pocas pinturas suyas- no solo confirmó su hipótesis, sino que además advirtió que estaba firmada por el autor. Uno de los enigmas había sido resuelto, pero aparecía a la vista otro: debajo de la pared blanca, por encima de la cabeza de la niña, se encontraba oculta una figura. ¿Fue pintada y corregida por el propio artista, o fue ejecutada posteriormente, y con justicia tapada? Si bien en 1979 un análisis con rayos X permitió identificar que se trataba de un Cupido desnudo, debieron pasar otros veintiocho años para que se decidiera una evaluación y restauración apoyada por un grupo de expertos internacionales, aumentando los análisis con nuevos rayos X, espectroscopías de reflectancia en el infrarrojo cercano y microscopías de la pintura al óleo. A la par de esta tecnología de avanzada al servicio del arte, justamente fue la punta de un fino bisturí la que retiró con delicadeza la pintura blanca que cubría el Cupido, y para la feliz sorpresa de todos, una huella de suciedad mediaba entre ambas capas pictóricas; es decir que aquel recubrimiento había sido realizado varias décadas después de terminada la obra, y no por el mismo Veermer. 


Largo tiempo más tarde -unos 354 años, si consideramos que la obra está fechada hacia 1657/59- vuelve a exhibirse esta “Niña leyendo una carta en la ventana abierta” tal cual la pintó Vermeer. Permanece en la misma sala donde fue conservada también por siglos, la Gemäldegalerie Alte Meister de Dresden, y se presenta al público en una exposición titulada "Johannes Vermeer. En reflexión", acompañada por otras nueve pinturas del maestro holandés. 


Por nuestra parte disfrutamos con las imágenes del antes, el durante y el después de la restauración. Ahora, con todo su esplendor original, saltan a la luz varios enigmas. ¿Se animan a proyectar sus propias conclusiones? ¿Qué lee la muchacha, una carta de amor, o una de despedida?, ¿por qué se refleja en el vidrio?, ¿qué representa Cupido pisando máscaras, quizás el símbolo del amor verdadero?


Si les interesa ahondar en el tema, los invitamos a ver el siguiente video con el proceso de restauración:


VER VIDEO


Las telas como palimpsestos


El asunto de las pinturas repintadas, testigos ya no del artista original sino del paso del tiempo sobre ellas, es apasionante. Si cruzamos el océano para ubicarnos en nuestro ámbito rioplatense, fueron comunes los repintes en el arte republicano, ocultando las huellas de filiaciones políticas. Nos referimos a los emblemas color punzó, obligatorios en tiempos del gobierno de Juan Manuel de Rosas, los que muchos taparon en sus retratos familiares después de la batalla de Caseros y la caída de los Federales, como vemos en este óleo rioplatense datado hacia 1845. 


A su vez otro elemento caro al arte universal emerge en el óleo de Vermeer, el de las pinturas dentro de otras pinturas, las obras dentro de obras. Los invitamos a leer nuestro artículo sobre “Las hilanderas” de Velázquez, donde el maestro español ubicó detrás de la escena frontal un tapiz con la reproducción de la pintura “El rapto de Europa”, de Tiziano. 




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