Por Roberto Vega Andersen
Darle forma a esta entrega ha sido una empresa desafiante y emotiva. En la producción de cada número hay una secuencia de momentos que podríamos identificar en la elección del material, el diálogo con los colaboradores y la edición de cada artículo. Este devenir anunciado, lo reconocemos, no nos exime del vértigo que llega con las horas del cierre, las que se suceden mientras escribo estas líneas.
Tan breve y anunciada crónica, varía sin embargo en su intensidad al ser transitada en un tempo tan especial; las luces y sombras que dibujan el presente e insinúan el futuro de Argentina y del planeta todo, nos sumergen en un escenario particular e instan a proseguir sin resignar sueños, a imaginar un mañana auspicioso. Con ese rumbo, el nuevo número toma su vuelo y como sucede con frecuencia, además de los textos incluidos, nos ha dejado en la pista un grupo de artículos en proceso, de investigaciones en marcha e historias inconclusas, las que habrán de madurar a lo largo del tiempo y formarán parte de futuras entregas.
En las páginas siguientes encontrarán, como si se tratara de un vitral, una multiplicidad de colores, las firmas amigas de prestigiosos colaboradores que con frecuencia nos premian con sus textos; nos referimos a Irina Podgorny, Sonia Decker, Ana Martínez Quijano, Abel Alexander y Alberto Guido Chester. Y junto a ellas, recibimos con entusiasmo la emotiva historia que, desde Uruguay nos acerca Leonel García, y el relato intimista del dramaturgo argentino Mauricio Kartun, celebrado autor, director y maestro del teatro.
Con la compañía de todos ellos y de ustedes, fieles y nuevos lectores, nos aventuramos a compartir esta entrega dispuestos a transmitir un mensaje que nos compete: la cultura no es un lujo, es un bien esencial, porque como lo expresara Isaias Fanlo -académico, gestor cultural y escritor catalán-, «un país sin cultura es una tierra baldía e insustancial».